Historias para normales: la siesta

Había dormido dos horas. Había ido a la facultad y vuelto a casa. Estaba durmiendo la siesta cuando me vinieron a despertar. Me desperté. Me desperté y recibí una pregunta. Recibí la pregunta pero no la entendí porque estaba muy ocupado. Estaba muy ocupado pensando… ¿Qué momento era? Pensaba quién era, y después qué era. No sabía absolutamente nada de mí mismo, perdí la conciencia de mi ser. Era tan posible ser un Dios como ser una piedra, una planta, un perro. En ese estado escuché la pregunta y balbuceé alguna respuesta para ganar tiempo. Pero ya estaba perdido en esa crisis metafísica, parapsicológica o lo que fuera. Mis ojos veían, mis oídos escuchaban, mi piel sentía (en realidad era mi encéfalo, que se valía de dichas herramientas), pero las pistas que me llegaban no me servían de nada. Era un sonámbulo capaz de pensar, pero con la mente vacía de información. Veía mi cuarto y mi repisa con los discos, pero esa información no significaba nada para mi. Esa amnesia temporal, ese formateo de mi mente no me dejaba entender que estaba acostado en mi cama hablando con mi papá, que yo era un ser humano y estaba en el primer día del invierno de 2016 esperando a ver el partido de la selección. Pero era todo muy dulce, era una incógnita que se podía tomar como un desafío, que no angustiaba, sino que prometía un avance hacia la verdad, la posibilidad de conquistar, de llegar hasta el sol de Platón. Y en medio de esa dulzura, medio queriendo y medio sin querer, llevado por la embriaguez, me volví a dormir… Minutos después, aunque para mi fuera una eternidad, me enteré que había pedido dos tostadas para la merienda.

ATENCIÓN: Lo relatado hasta acá es pura verdad (o la pura verdad de lo que puede recordar una mente de un momento en el que estuvo en el estado descrito), pero a partir de acá es todo especulación.

Especulación 2: Realmente mi alma no estaba en mi cuerpo en su integridad, aunque sí lo suficiente para recabar recuerdos con el fin de una investigación/interpretación posterior.
Especulación 2.1: Alguien hackeó mi cerebro, mi cuerpo, y lo usó sin saber muy bien cómo ni por qué.
Especulación 2.2: Mi cuerpo sólo estaba ocupado por esa pequeña porción de mi alma/mente/energía, dependiendo de la inclinación religiosa/filosófica del lector.
Especulación 2.2.1: El resto de mi mente se fue, cansada de mi cuerpo, aunque fuera sólo para unas vacaciones.
Especulación 2.2.2: El resto de mi mente se perdió sin tener la intención, sólo se extravió y llegó tarde para la hora de despertarse.

-CONCLUSIÓN DE LAS ESPECULACIONES-

No importa cuál sea la especulación más cercana a la realidad, todos deberíamos pasar por esto alguna vez. No exactamente así como pasó, sino en un sentido metafórico. Cuestionarnos a nosotros mismos directamente de cero. Cuestionar la raíz de lo que somos, pensar si realmente somos humanos y por qué. Luego ir cuestionando cosas más chicas, hasta llegar a nuestras actitudes individuales.

MC Porra

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