Vientos para Barriletes.

Siempre me gustaron los barriletes. Cuando era chico mi papá, Posadeño él, aprendió a fabricar barriletes con cañas de tacuara. Nada de plasticos, nada de comprarlos ya hechos. Por aquellas épocas y en esas latitudes si querías tener un barrilete tenías que …fabricarlo. No había otra. Pequeños varillas de caña, hilo y engrudo para ir dándole una forma avionezca a la cosa. Una vez que el esqueleto del barrilete estaba realizado lo único que quedaba era forrar la estructura con papel para barriletes que uno podía conseguir en algún almacén de ramos generales del rioba. Los barriletes tienen algo para mí. Sinceramente, me emocionan. No sé si me emocionan porque me remiten a la felicidad de tener la capacidad de poder disfrutar de lo simple o porque el barrilete, en algún punto, a través de su piolín puede hacerme sentir como pocas otras cosas la fuerza de una de las cosas más bonitas que tiene la vida como lo es la fuerza del viento. Los barriletes viven porque el viento los alimenta y el sol los ilumina coloridos y desafiantes pero sin viento no hay desafío; el momento lúdico no es posible como deja de ser posible mi conexión con el niño que llevo dentro y como eso no lo puedo permitir el viernes 22 de julio sentí vientos de rock en el oeste del conurbano bonaerense, más precisamente en un bar en Rivadavia al 17.500 llamado Detroit. Esa noche volarían al ritmo del soplido de aquel bar unos barriletes oriundos de la ciudad de Pádua. Barriletes es una banda conformada por Pablo Osuna Vargas en guitarra y voz, Mauro arenas en zintes y voz, Agustín Meccia en bajo, Nicolás Fernández en guitarra y Maxi Fuentes en batería. Para adentrarme en el mundo de la banda fue que de algún modo puede inmiscuirme en la pizzeada previa para escuchar los pormenores de la preparación del show. Que el bar está lindo, que el escenario era el adecuado, que la preparación del sonido era inminente y que el frío no los detendría, no hoy, ni nunca. Detroit tiene, a diferencia de muchos otros bares, un lugar especialmente preparado para que las bandas puedan expresarse. Luces, sonido y calidez a disposición para los músicos y para quienes irían a degustar de la propuesta. Punto para Detroit por ese espacio ya que permitía elegir si querías o no participar y tal opción es siempre bienvenida.

 

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Arrancaron con la canción Año Uno. El set contaría con unos 7 u 8 temas. La propuesta musical era interesante. Barriletes busca un mix prudente entre los que se puede conocer como Rock y Pop, una delicada mezcla entre ambos estilos. Más bien podría catalogarse como pop/rock y dale que va. La música tiene pasajes muy rítmicos que persuaden a las almas danzantes a mover la osamenta para ir al tempo que propone la bata, a veces popera, a veces no tanto. Un bajo prolijo, perfectamente sincronizado con la batería formando una base sólida para que las melodías y los arreglos del teclado y las guitarras puedan desparramarse en el aire con la seguridad de que hay donde apoyarse, y vaya si hay suelo para quien tropiece en su andar de fusas y corcheas. Voces prolijas, coros ajustados y el valor agregado que deriva de las manos del tecladista, que además de sumar en las armonías de las canciones, se notaba que es un busca en el arte del sonido. En su mesa de trabajo no solamente había un keyboard, sino que había compresores y efectos que los ejecutaba en vivo, y no a través de una pista perfectamente realizada. Mauro asumía un riesgo muy bienvenido frente al público presente y salía airoso de cada cuerda a la que se subía a improvisar para cada intervención instrumental. Finalizaron su presentación con la canción Un Espía. Esta canción es quizás la que más me llamó la atención por la ambición de su composición, la expresión común de todos sus instrumentos con especial atención a los sonidos que una vez más salían de ese cúmulo de aparatos que hacia el centro del escenario controlaba el ilustre teclista y que a las pinceladas poperas no dejaban de colorear los pasajes de la canción para coronar un show que con seguridad voy a volver a ver.

La noche gris y fría de Moron tuvo su reparo aquel viernes de vientos cálidos en Detroit. Volaron los Barriletes y nosotros con ellos en un complot a puro pop/rock contra el agudo filo de este crudo invierno argentino.

 

Leandro Verdún.

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