Apocalipsis cínico

El perro, si bien acompaña al hombre desde hace por lo menos 12.000 años era considerado por los griegos un animal sin ley ni vergüenza, capaz de mear sobre las estatuas de su panteón de dioses, comer de las sobras, vagar sin rumbo, dormir en cualquier parte y contentarse con muy poco.

Hubo en la historia de la Grecia Antigua varios perros célebres: Cerbero, el guardián de las puertas del infierno o Hades; Argos, quien durante 20 años aguardo por el regreso de su dueño, Odiseo y Lailaps, un perro de caza infalible. También es digno de mención, Ortro, hermano de Cerbero, quien acompañó a Atlas y a otros titanes griegos. Sin embargo, no hubo “perro” que pudiera igualar la grandeza de Diógenes.

Diógenes de Sinope, más conocido como Diógenes, el perro o el cínico fue así bautizado despectivamente por la sociedad ateniense del siglo III A.C. No por casualidad, la palabra cínico deriva de la voz griega, kinikoi la cual significa perruno. Contemporáneo de Platón y Aristóteles y por ende, testigo de la construcción de los fundamentos teóricos de la civilización occidental, el trabajo de este filósofo fue justamente el rechazo y la inversión de todos los valores universalmente dados como válidos.

El antecedente inmediato a Diógenes fue por lógica, su maestro, Antístenes, quien impartía sus lecciones en el Cinosargo (que significa “perro blanco) un gimnasio ubicado fuera de Atenas, en los márgenes de la ciudad. Allí habitaban los extranjeros, los esclavos, los locos y los parias de la sociedad de aquella época.

La filosofía cínica no tiene un manual, está basada en la realización de pequeños actos delictivos, en performances transgresoras. Así es como cierta vez, luego de que Platón definiera al hombre como “un bípedo implume” ante los aplausos de todo un consorte de obsecuentes, nuestro Diógenes apareció con un pollo desplumado gritando: – ¡Acá está el hombre de Platón! Cuentan que entonces, Platón, agregó: -Pero con uñas planas.

En otra ocasión, durante un banquete, algunos comensales le tiraban huesos burlándose de su apodo: fue entonces que el perro Diógenes levantó su túnica y comenzó a mearlos. Del mismo modo, cierta vez que tuvo la oportunidad de cruzarse con Alejandro Magno, este, haciendo gala de su grandeza, le dijo que podía pedirle lo que quisiera, a lo que el cínico respondió: – Qué te corras, me estás haciendo sombra. Los cronistas de la época cuentan que el gran conquistador macedonio dijo: -Si no fuera Alejandro, me hubiera gustado ser Diógenes.

Los cínicos, actuaban con toda naturalidad frente al acto sexual, la defecación pública, la miseria y todo lo que incomodara a la decadente sociedad ateniense. Chistes, anécdotas, escándalos y discursos incendiarios fueron la materia prima de los perros filósofos frente al academicismo y la solemnidad de sus contemporáneos. Nuestro héroe exhibía su desprecio por las formas políticamente correctas del pensamiento mediante acciones concretas que dejaban al desnudo el absurdo de ciertas convenciones sociales y de la moral dada como universalmente válida.

Diógenes no tiene moral pero si una ética vital, concreta y palpable basada en la coherencia entre el discurso y la acción: Un estilo de vida.

Mientras Platón los enamoraba a todos con sus clases en la Academia, Diógenes vagaba por las calles de Atenas con una lámpara en su mano y gritando que no era capaz de hallar ni un solo hombre. Diógenes pasó su vida sin destino fijo, durmiendo donde podía, no formando parte de ninguno círculo académico, viviendo su vida de perro, siendo feliz con los despojos de la crema intelectual y exponiendo a los hipócritas con la luz de su lámpara.

Cuando la Filosofía se convierte en una práctica académica se distancia de la realidad cotidiana y termina siendo masturbación intelectual. Un discurso aburrido soplado por un profesor gris, triste y depresivo que perdió su capacidad de sorprenderse leyendo basura inentendible escrita por tipos igual de grises, tristes y depresivos. La ingenuidad disfrazada de pedantería de estos sujetos aún les hace creer que se dirigen a la clase trabajadora, a los revolucionarios o que inspiran a los genios del arte. La Universidad transforma los sueños en conocimientos útiles para mantener a La Maquinaria en funcionamiento. De allí, saldrán algunos de los criminales más astutos y crueles de la Historia. Los dictadores de la conciencia.

La libertad tiene su precio y es el exilio autoimpuesto, la soledad, el aislamiento. La vida es dura y exige sacrificios. Tal vez por eso, la libertad no necesariamente tenga que ver con la felicidad.

Con el paso del tiempo, el concepto de cinismo fue resignificado y actualmente es un sinónimo de falsedad, hipocresía y descaro. Hoy, que punk es comprar jeans rotos de fábrica made in Bangladesh para ir bailar, hoy que ser hipster no es lo mismo que ser beatnik. Hoy que ser es tener y tener es pertenecer.

La mano invisible del mercado es un puño cerrado que nos persigue para aplastarnos y el cinismo contemporáneo se expresa en la voz de políticos, religiosos, artistas, escritores y otros referentes de la moral. Personas sin alma.

Supongo que cuando el hambre apriete y la guerra global estalle, sobrevivirán los perros. Y los verdaderos cínicos.

Damian Mars

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