In God We Trust

Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” Génesis 2:15

La tradición judeo-cristiana ubica a la Naturaleza en un rol pasivo. Una especie de generador infinito de recursos puestos al servicio exclusivo del Hombre, gracias a la mano bienhechora de Dios.

El crecimiento poblacional, el desarrollo técnico y tecnológico fue posible gracias al usufructo establecido entre Hombre y Naturaleza. En otras palabras, la noción de Progreso es producto de esta relación entre un medio aparentemente pasivo (la Naturaleza) y un consumidor (el Hombre).

Este consumidor es un animal simbólico creador de virtualidades, de objetos abstractos que permiten acceder a los frutos mágicos de la huerta del Edén aunque de forma indirecta. Es decir: el hombre deja de ser cazador-recolector para convertirse en un trabajador que percibe un salario que representa de forma simbólica, la tarea realizada. En este punto de la Historia, es que el Hombre entendió que no solo puede dominar a la Naturaleza sino que debe hacer lo propio con sus pares.

La palabra compuesta “Economía” hunde sus raíces etimológicas en el griego eikos que significa hogar o ambiente y nomos que se puede traducir como norma o regla. Por lo tanto, la Economía resultaría ser una disciplina que establece las reglas del hogar.

Nuestro hogar (eikos), el Mundo por todos compartido, está siendo sometido a un sufrimiento atroz. Hemos hecho de nuestro Planeta un infierno para animales y plantas. Lo mismo ocurre con millones y millones de personas que padecen algo que los EXPERTOS llaman “Crisis”. Ambas desgracias tienen un mismo origen: la ambición desmedida por el dinero y la arrogancia de ser por invocación divina, amos y señores del Mundo.

La lógica de la virtualidad monetaria creó un mundo controlado por tecnócratas. Las “reglas de la casa” terminaron por convertirse en imposiciones, recetas y escuelas de pensamiento que conciben la Economía como la vería un egresado de administración de empresas o marketing de la Universidad Austral y no como una ciencia social.

Mientras tanto, los apocalípticos vaticinan el fin del orden mundial imperante y los integrados se entregan al gozo o bien aceptan con resignación las “reglas de la casa”.  Aunque como en otros casos, no se trata de una verdadera oposición. 

¿Que queda por hacer? Cierta vez, alguien me dijo que al Mundo hay que dejarlo como está. Que querer cambiar al Mundo es ayudar a destruirlo.

Amén.

Zacarías Balboa

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