Entre muertos y paralelismos

En un barrio del conurbano profundo, están sentados dos amigos frente a una TV 20 pulgadas. La TV es una TV, no un LED, ni LCD ni nada de esas cosas chetas. Conectada a la TV, la PC (que tampoco es una maravilla) una conexión extraña le da TV por cable y otra internet. Afuera (y no tan lejos) se escucha alguna que otra balacera, ladridos de perros alterados, y  algunos gritos. . La TV ilumina la escena, la cerveza fría la cara de los 2 amigos.

Zapping entre canales, noticias, avances de temporadas, películas repetidas y demás.  La charla suele ser más interesante que ponerse a encontrar algo decente para ver. “Nunca hay nada”, suspira Miguel, agitando el control remoto a causa de las impotentes pilas. Lautaro lo mira y afirma con la cabeza.

Lautaro y Miguel se conocen desde hace años.  Hicieron la primaria juntos en el mismo barrio. Después Lautaro lo abandonó cuando su familia logró mudarse a Capital Federal .A  Lautaro pareciera irle mejor que a Miguel, que sigue movilizándose en su bici playera  para ir a la Panadería, a laburar o para ir a lo de Carlita (su novia). Lautaro tiene un Gol de antes del 2000 y lo ayuda a papá en la ferretería.  Nunca laburo de otra cosa, no tiene novia fija, aunque siempre pica algo de por ahí.

-¿Netflix no tenés en la tele no, Migue? Es una aplicación para poder ver las series esas que miras vos por cable ¡No me vayas a spoilear, boludo eh! Termine de ver recién el último capítulo de Fear The Walking Dead  (FTWD) pero estoy atrasado en Walking Dead (TWD) – Lautaro sonríe con picardía y amaga adelantarle parte de TWD.  Juego de manos bobo y de un sopetón un vaso se vuelca, puteadas y risas.  Lautaro saca la birra de la heladera y se sirven nuevamente.

– La sangre se vuelca más fácil que la birra, hermano- le dice Miguel- Lautaro lo mira y lo jode. Ambos deben materias de la secundaria: – ¿Que te hace´ acá gil? ¿El ilustrado vos?Jajajajaa, un mejor paralelismo seria con el vino; Si, a full , sábelo, sangre, vino, vino, sangre.

El silencio se hace espacio en la cocina y Miguel le pregunta a Lautaro si recuerda a un compañerito de la primaria: “Emiliano, que vivía en el barrio más carenciado de la zona. Siempre lo jodíamos ¿Te acordes? Porque venía con feo olor, porque era un ¨villerito¨, porque tenía la mochila siempre rota o porque el padre estaba preso. Bueno, hace una semana lo boletearon, había robado un kiosquito nuevo, acá a unas cuadras sobre la avenida, y bueh, el tipo era Gendarme retirado y lo quemo de toque. Garronazo”,  lamenta Miguel.

Luego Miguel le explica a Lautaro que Emiliano había estado laburando un tiempo en el corralón, de ahí, de la estación pero la jermu estaba embarazada y lo fletaron, que hacía tiempo  no andaba en ninguna de esas y que hasta lo había visto repartiendo papelitos de que cortaba el pasto y pintaba.  De repente,  Lautaro comienza a hablar del caso de Daniel Oyarzún, el carnicero de Zarate que los vecinos salieron a “ayudar”  porque había sido asaltado, que persiguió a los asaltantes y a uno lo atropello con el auto.  “Una vez que el tipo lo atropello, los vecinos se acercaron y le pegaron, escupieron e insultaron, a lo que era ya casi el cuerpo con escasa vida del chabón, apretado contra un palo de luz y el auto… de terror; ¿Qué carajo inspira a la gente a un acto así, chabón? ¿Ellos se preguntaran qué es lo que lleva a un tipo a asaltar? No ni ahí, no lo ven como un semejante,  porque no  pueden  ni les interesa ponerse en su lugar. Ellos se sienten al hacer algo así, mucho más arriba en la escala moral” explica Miguel.

Robar tampoco está bien, explica Lautaro y luego Miguel le pregunta “¿Che, vos le seguís choreando guita a tu viejo del negocio?” Ambos estallan de la risa. “¿Están ricas la birritas no? picaramente dice Lautaro ; ¿Las garpó tu viejo acaso?” ; “Sí y no. Le vengo diciendo hace un tiempo que lo que me garpa es muy poco, y que no me alcanza ¿Traigo otra birrita?”

En la Tele, que estuvo prendida todo el tiempo proyectando basura, pasan un adelanto de la nueva temporada de The Walking Dead.  “¡Cambia, Migue! Te vas a autospoilear!”. Miguel se apura con los ojos entrecerrados y cambia de canal: “En unas semanas nomas voy a ver si le compro al que vende devedes,  la última parte de temporada que me falta”, explica.  De repente Lautaro estalla: “Me imagine a los del canal donde pasan TWD y a los que venden devedes originales  ajusticiando al mantero, cagándolo a palos en el piso, porque le está robando los derechos reservados de la serie, o algo de eso”. La cocina se llena de las risas de ambos, la cerveza en la mesa ya casi brilla por su ausencia y solo queda el contenido de los vasos,  tal vez alguna otra en la heladera.

“¿Sabes qué? Hay cierto paralelismo entre los linchamientos y TWD o el mundo de los muertos”, dice Lautaro haciéndose el tirapostas intelectualoide.

“ ¡Claro! pero los muertos vivientes, en realidad serían desde un punto de vista; serían los delincuentes, los distintos, los errantes. Esos otros, los que podrían ser como nosotros, como ellos, pero que por alguna extraña razón ya no lo son y no merecen el trato que los vivos tienen entre ellos, y hay que eliminarlos”, interrumpe Miguel.

Lautaro se levanta, prestándole atención a Miguel mientras habla y acerca otra birra a la mesa, levanta “el cadáver” de la otra, y sigue: “En el caso de los que matan por una supuesta justicia por mano propia ¿Qué los hace distintos a los que matan zombies? ¿O a los zombies? ¿Que los hace moralmente mejores, a esos mismos que luego terminan matando a vivos también en la serie?”.

“¿Si hay una justicia por mano propia, que es lo que falta?”, dice Lautaro. Miguel, espera un rato y responde: “Una Justicia verdadera. Una parte de la sociedad se siente desamparada, desprotegida, sea ante delincuentes, o en la serie ante los zombies. Faltan reglas que ya no están, códigos que se rompen; ¡En la serie no hay Estado!, ni policía, ni militares, no hay Ley; tal vez, los que en la vida real se convierten en asesinos matando al ladrón, piensan en ese momento que ese Estado ausente deben ser ellos, como respuesta al sentimiento de abandono.”

Lautaro vuelve a llenar los vasos de cerveza y agrega: “¿Sabes que me pasa también? A veces cuando veo las fotos de los chicos muertos en bombardeos en Siria, o donde sea, los cuerpitos ahí, muertos o mutilados, estoy seguro que a la gente le conmueve más ver perritos que le faltan una pata, o algo de eso, a ver a los chicos muertos, o sea… – toma aire, luego un sorbo de birra y vuelve a hablar- hay un acostumbramiento inconsciente a la muerte, al cuerpo inerte, sin vida, fogoneado. Creo que inocentemente, por estas series, por las mismas noticias, por las redes sociales, hay como una falta de respeto, de sensibilidad hacia la vida del otro, y el resto todo es lejano, frio, extraño, y casi ni duele. Por ejemplo, cuando las noticias instalan la profesión del Justiciero, y lo remarcan, están tratando que te identifiques con el laburante, que labura como vos o como yo, tirando a la otra vereda al delincuente, sin pensar que si alguien asesina a otro, y lo va a buscar para ajusticiarlo, ya ni le cabe la de ‘defensa propia’, es un asesino más. Eso te deja en un individualismo extremo, vos te reconoces en uno de los dos personajes de la historia: el zombie o vos, el trabajador y el otro que le choreo, solo importa la supervivencia, de tus bienes materiales, o de tu vida”.

De repente, la programación del canal que el azar decidió que quedase puesto en el televisor, se termina y el ruido marrón invade la cocina. Miguel lo mira a Lautaro, y le dice con cara de asombro: “Guauu, es cierto chabón ¿Te imaginás, si hubiéramos terminado el secundario, lo que podríamos ser? Sin haberlo terminado llegamos a estas “altas conclusiones”.

“Seríamos productores de una serie de Tv, o editores en un noticiero o tal vez seríamos unos chabones sin conciencia social, medios fachos, creyendo muy oportuno linchar a alguien porque nos robó”, dice Lautaro y Miguel asiente.

Hubo algunos minutos de silencio entre ambos. Miguel confirma que ya no quedaban cervezas en la heladera.

– ¿Vamos por la ultima, Lauti?

La puerta se abre. Miguel apaga la luz y ambos salen a la calle entre risas cómplices. Yo me quedo a esperarlos. En la mesa quedan los vasos con algo de cerveza tibia,  un gato entra por la ventana de la cocina y  toma cerveza de uno de los vasos, se estremece con repulsión agitando su cuerpo y vuelve a salir. En la vereda, se cruza con un perro de la calle que lo persigue y lo corre. El gato deja las uñas en una pared que no logra subir y cae. El can lo alcanza, le clava los colmillos en el lomo, zamarreándolo fuerte hasta matarlo, luego se va. El cuerpo del gato queda ahí, muerto, inerte.

 

                    Texto: Vladimir Sinatra.

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