Camioneros y Proveedores Vs Los supermercadistas de Mao.

 El otro día, esperando que el supermercadista oriental (Lease cariñosamente el Chino) garpara el pedido que le llevé, me pongo a hablar con un camionero de aguas y gaseosas. Esta rama del gremio de Hugo es famosa por sus combates contra los supermercadistas de origen asiático. Es un devenir constante entre Guerra y Paz.

Los camioneros suelen ser una mezcla del Ancho Peuchele y del tapón Gordillo. No hay uno que tenga cuello, solo espaldas gigantes. Imagino que en el aviso clasificado deben poner: “Sin cuello (excluyente)”.

Bueno, la cuestión es que el amigo oriental se estaba demorando mas de la cuenta en traer los crocantes y el ambiente comenzaba a tomar temperatura. Lo que tienen de laboriosos  estos orientales supermercadistas lo tienen de lentos y vuelteros. Al Argentino le gustará “la joda”, como dicen los detractores del Ser Nacional, pero cuando labura, lo hace a una velocidad increible. Sobre todo estos chabones, que en cinco minutos te bajan y suben 30 cajones de coca o birra. Yo estaba a las puteadas porque el chino no aparecía. El camionero, con las manos en jarra, todo chivado, se mordía los labios. Me confiesa que también siente ganas de “arrancarle la cabeza”, pero que ya tuvo problemas y no podía perder el laburo. Lo primero que se me ocurrió es que algún chino había ligado un gancho a la quijada. Y lamente la suerte del pobre oriental porque los brazos del amigo tenían el grosor de mis piernas. Le pregunto si tuvo escenas de pugilato con alguno. Me contesta que si, luego me dice que no, como si la definición no fuese del todo exacta. Con mi curiosidad en aumento, empieza a contarme la historia…

Parece que una mañana habían ido a entregar un pedido grande por Caballito. Una de las más grandes cervecerías locales había largado una promoción y los chinos andaban como locos. (Siempre recuerdo el chino con los ojos humedecidos rogándo que no me lleve el famoso aperitivo rojo en promoción que le había llevado. Como era promo tenía que pagar cash y de tantos proovedores que le habían caído ese día se había quedado sin un mango. Le dije entonces que tenia que llevarme todo el pedido, incluido el aperitivo de promoción. Empezó a suplicarme al borde de las lagrimas: “Pood favood amiiigo… el Campali no… Yo pagad semana. Yo juro. Amigo pood favood… el Campali no”. Fue tierno (?) y convencedor.

El camionero me cuenta que le bajaron casi 40 cajones de birra y cuando llego el momento de cobrarle, empezó a cuestionar el precio de la mercadería y los términos de la promoción que le habían pintado color de rosa. Al toque se armó la polémica y empezaron a volar las puteadas, hasta que el Chino, no muy ducho en el manejo del idioma, utilizo una de grueso calibre, y la disparó en el momento equivocado. Es algo que pasa y lo he visto muchas veces. Los Chinos no entienden el carácter ambiguo de algunas puteadas. No alcanzan a comprender que es la confianza lo que determina el sentido de la palabra. El “boludo” por ejemplo, en boca de un amigo es una cosa, y en la de un extraño es otra. Entonces, decirle a un camionero re caliente, al que hiciste mulear al pedo que se lleve la mercadería y que se vaya a la “concha-tu-madre”, no es aconsejable. Rechazó el pedido y se mandó a mudar. Se hunden en sus depositos-madrigueras y no los encontras mas. Tienen la fea costumbre de dejarte hablando solo como un pelotudo.

Así como muchos son adorables, otros son bastante rústicos. “Te bajé 40 cajones hermano y ahora me decis que me los lleve y que me vaya a la concha de mi madre?. Nooo… te equivocaste”. El camionero le dijo a sus compañeros que subieran la birra de nuevo al camión, y cual Terminator en la escena de la comisaría, cuando dice “I´ll be back”, volvió con el camión y se lo metió de culo adentro del local. Le voló todo el frente vidriado. “No sabes la explosión que hizo. Se lo metí hasta las cajas”.

Dice que lo corrieron varias cuadras, con cuchillos. Y me contó que se comió una semana en cana por justiciero.

Al toque llegó ¨el supermercadista de Mao¨, le sonreímos forzadamante y seguimos con nuestros fatos, embrollos y paquetes.

Texto: Fernando Mera.

Ilustración: Fernando Mera.

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