De armas tomar

Para toda una generación de niñas, la princesa Leia constituyó uno de los primeros arquetipos de mujer fuerte e independiente. No sólo luchaba armada con una pistola: se enfrentaba sola a todo el Imperio. Era Rebelde. Le mentía en la cara a Darth Vader. Sobre sus hombros descansaba la continuidad de la resistencia.

Leia no usaba sable láser, no apelaba a la Fuerza, no se veía envuelta en las dudas existenciales que asaltaban a su hermano Luke. Era directa. Utilizaba recursos terrenales. En lugar de la senda Jedi, optaba por ser una política, una estratega (herencia, quizás, de Padme Amidala). Es Leia quien convoca a Obi Wan Kenobi en el episodio IV, armando y desarmando los hilos de la familia Skywalker. Como Ariadna, Leia marca el camino del héroe dentro del laberinto.  Su presencia es fundamental  para que el guerrero pueda enfrentar su destino y cuente con las herramientas necesarias para vencer.

Leia no necesitaba que nadie la rescatara. Era la mujer capaz de salvar a Han Solo y ahorcar a Jabba. A diferencia de su hermano, que se valía de sus conocimientos de la Fuerza, Leia apelaba a su entrenamiento físico.

Se me ocurre que en Star Wars los roles tradicionales están invertidos. La duda y la intuición se encuentran asociadas a los héroes masculinos (Luke y Anakin), mientras que la política y el entrenamiento marcial están vinculados a los personajes femeninos (Leia y Padme). Por eso el arma de Leia es una pistola. A  ella no le interesa adentrarse en la oscura trama de la filiación. No se pregunta por la herencia emocional. Deja de lado las terribles preguntas que acechan día y noche a Luke, y que lo llevan a afirmar que “no puede matar a su padre”. Leia tiene muy claro desde el principio dónde están el bien y el mal, y su principal objetivo es vencer al Imperio. Es asertiva, firme, clara. No elige la elegancia del sable, sino la certeza del arma de fuego.

Murió la actriz Carrie Fisher.

Para muchos de nosotros, frikis, fanas de la saga, murió nuestra Princesa Leia.

                                                                                                                             Texto: Caro Fabrizio.

Ilustracion: Daniel Pito Campos.

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