El sueño (Universitario) de los sin jeta.

Dos historias desde la Resistencia hasta el titulo universitario, dos historias para que nadie diga, ni quiera hacer creer que es en vano habilitar oportunidades para todos por igual.

Lxs Nadies (I)

Cuando no tenés para comer, usas ropa regalada, zapatillas rotas y la panza te hace ruido de hambre no te importa demasiado la estética. Más bien, no era que no me importaba era que no podía. Nadie es capaz de preguntarte qué querés ser cuando seas grande, esas son cosas que solamente ves en la tele, pero si alguien me preguntaba yo solo deseaba no tener tantos hijos.

A los 14 años me rapé, a los 14 años no tenía para comer y salía en días como hoy en bicicleta a buscar en algún trueque un paquete de harina o arroz para llevar a mi casa. Sea como fuere, no podía volver con las manos vacías. En el camino levantaba alambre, botellas, cartón, lo que sea que pueda servir para ir a vender para tener unos pesos para comprar por lo menos carne picada. A eso se le llama cartonear, me costó bastante reconocerlo en mí.

A los 14 años me rapé de bronca mientras se me caían las lágrimas, pero no era tristeza era rabia, era impotencia de volver a mi casa sin nada y quedarme llorando en la esquina para que no me vean, porque llorar era de putos.

Entonces a los 14 años me rapé; no me hizo sentir mejor ni peor, me hizo sentir que tenía el control de algo, que podía decidir algo. En las tardes, así como hoy si andas en bicicleta rápido no sentís tanto frio y la ropa mojada se seca con el calor del cuerpo y si te pones unas bolsitas arriba de las medias los pies se mantienen calentitos. Entonces me rapé, y cuando se venía una tormenta era otro terror el que me abrazaba, el miedo de no saber hasta dónde iba a entrar el agua en mi casa, qué levantar, qué mueble ir preparando arriba de la mesa para que no se moje. Con una familia fracturada con problemas de alcoholismo y violencia mi escape era la escuela ahí donde nos daban una taza de mate cocido y pan, mi materia preferida era historia. Mi primer libro de verdad lo conseguí en el trueque era nuevo ¡y de verdad! estaba envuelto en un film y todo; “La Tregua” de Mario Benedetti. Perdí la cuenta de cuantas veces lo leí, era mi tesoro, de hecho, lo es.

Entonces me rapé; no me interesaban los chicos, no me interesaba gustarle a nadie, no sentía que tenía la posibilidad de que eso pueda pasar menos vestida andrajosa y con la cabeza rapada, ¡Que locura!… que linda pibita que era ahora que lo pienso. Cuando terminé la escuela las condiciones no habían mejorado demasiado, tenía ya 17 años y un poco más de pelo. Tenía que pensar que hacer de mi vida yo quería estudiar, ir a la facultad, aprender historia, pero en ese momento no se podía la respuesta que me dieron era que eso es muy difícil, que no iba a poder y principalmente que necesitaba trabajar, como mucho una carrera corta para poder trabajar (hasta ahí llegan tus sueños chiquita) entonces deje atrás esa idea de estudiar historia e hice la tecnicatura, lo que me da sustento hoy en día.
Lo que dijo Vidal es real, también es real que es una miserable. Porque esa retórica con tanta liviandad, teniendo las potestades para el accionar (pero decidir no hacer nada al respecto) sólo la puede hacer una persona miserable. Pero ojo que también es real que personas pobres vamos a la universidad, no tantas como quisiéramos, como correspondería. A la vez tenés que muchas personas quieren ir, pero no pueden y eso también es real.

A mí me costó mucho sacarme de la cabeza ese “no podes, es muy difícil” es verdad que es difícil, pero mentira que no puedo, que no podemos: PODEMOS Y DEBEMOS. Esa es la venganza de los muertos pobres. Ojalá algún día antes de que se me vaya la vida y las ganas pueda hacer algo al respecto. No sé qué va a pasar, pero lo que sí sé y estoy segura es que estando cerca de terminar la carrera la voy a terminar y no sólo eso; voy a seguir estudiando, aunque quizás tenga algún que otro hijx en el camino, ya no me da miedo que sean “demasiados”.
Abrazo enorme a todos mis compañeros y compañeras que contaron sus historias y repudio inmenso desde el fondo de mis huesos a las declaraciones de la Gobernadora.

Vamos a volver, pero vamos a volver mejores.
¡Viva Perón!

Técnica superior en Electrofisiología y Marcapasos
Estudiante de Licenciatura en Ciencia Política
Universidad Nacional de La Matanza

Jueves 31 de mayo de 2018, Laferrere.

Pdo. De La Matanza.

 

Texto:  Srita. Antigona

 

Lxs Nadies (II).

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Cuando atravesamos la etapa de la niñez nos permitimos asombrarnos y empezar a transitar la difícil tarea de comprender dónde, cómo y porqué hay cosas que parecen lejanas. Mi niñez estuvo marcada a fuego por las mismas ilusiones que me llevaron a construir un motor para llegar a ser alguien en la vida.
Nací pobre, en dictadura, en el seno de una familia laburante y numerosa, padre ferroviario y madre ama de casa, cuatro hermanas mayores y tres hermanos menores.
De niño quería ser economista y operador de bolsa, soñaba con entender los procesos de crecimiento de los países; tenía apenas 4 años y después de aprender a unir las sílabas que formaban MA RA DO NA (en el nombre de Dios) elucubré el apellido más popular y ya nunca detuve mi curiosidad y el gusto por la lectura constante.
En mí hogar no sobraba nada, salvo la violencia de mi padre que era abundante y cotidiana. Muchas veces la panza crujía porque las tripas pronunciaban, con asombrosa precisión, la palabra hambre, otras las lágrimas de mamá bancando la frustración y el machismo de papá. Fueron años duros donde, con mucho sacrificio, mi vieja (colosal mujer) hizo lo imposible para que mis hermanos y yo recibiéramos educación.
Con el paso del tiempo, vivimos procesos tristes, la hiperinflación, La Tablada, levantamientos carapintadas, Consenso de Washington, la Patria rifada al mejor postor. Lentamente fuimos perdiendo cosas, la vieja tuvo que vender su ropa, laburar de lo que fuese y hacer malabares para sostener a 8 pollitos.
A pesar de tantas necesidades, pudimos sostenernos y sobrevivir a tantas vicisitudes.
Porqué digo todo esto? Porque la pobreza no debería ser un signo de estigmatización que permita a la clase política excluir, posponer y acribillar el futuro de los nadies.
Hoy, con mucho esfuerzo y repitiendo el ejemplo de mi madre, pues tuve que hacer todo tipo de trabajos para llegar a la meta, di clases particulares, repartí volantes y trabajé de lo que pude para recibirme. Soy sociólogo recibido con 8.73 de promedio y en universidad pública y gratuita.
Feliz día para mi y para mis colegas, como así también para todos los que siguen creyendo que hay un motivo para seguir luchando por una Patria más justa, libre y soberana.

Fin del comunicado.

Viernes 01 de Junio de 2018.

Texto: Santiago Minimal. (Sociologo).

 

IMG: El Dogo Estepario.

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