Los milagros navideños si que existen.

 

Había pasado un año ya de la muerte de Juani. Un íntimo amigo que murió a finales del 2001 cuando el país se caía a pedazos.
El 2002 nos encontró sin laburo y viviendo el día a día como la mayoria de los argentinos. No había un peso en la calle y los clubes de trueque aparecían como hoy las cervecerías artesanales.
Vos tenías algo para vender, ibas al club y lo podías canjear o liquidar por unos billetes ficticios llamados ‘créditos’, sin valor comercial alguno fuera del sistema de intercambio.
Así uno podia llevar un paquete de fideos y traerse desde un paquete de azucar hasta un cd original de Patricio Rey. Fue lo más cercano al comunismo que viví. Sin dinero, autogestión a full.
En esos años si eras pobre tenías más liquidez financiera que la clase media ahorrista. El pobre hacía changas y obtenía la plata del día. Ellos estaban embargados, venían de perder mucha plata con la devaluación sumado a que tenían hipotecada sus casas.
Llegando a diciembre del 2002 la situación no mejoraba. Yo no tenía laburo fijo y en casa había que pasar la navidad. Mi vieja también estaba sin laburo al igual que mis hermanas.
Juani una semana antes de irse de este mundo terrenal había dejado ropa en casa. Un pantalón jean y su camisa a cuadros que usaba siempre. Permanecian en mi ropero tal cual las había dejado. Él era un pibe chorro romántico y generoso con todo lo que lo rodeaba. Siempre quiso ayudarme en lo económico con billetes ganados a pura adrenalina.
Ese 23 de diciembre pensaba en llevar la poca ropa que me quedaba a la sociedad de fomento donde funcionaba esta mega feria. La idea era canjerla por harina y puré de tomate que tendrían como destino pizza casera para pasar la nochebuena.
Encontré la camisa a cuadros de Juani y su jean. Miré al cielo y le pedí perdón, como si me estuviera oyendo, por lo que pensaba hacer. En el bolsillo del Jean encontré mil pesos. Billetes nuevos de los que no abundaban ya que los Lecops y patacones habían copado el mercado. Nuevamente miré al cielo. No fui a canjear la ropa ni a vender lo poco que nos quedaba en casa. Esa navidad comimos pollo y hubo gaseosas en la mesa. Luego de fin de año consegui un laburo estable donde por fin me pude acomodar. Y el estaba ahí, desde el cielo, siendo generoso y haciéndome gastar esos billetes ganados a pura adrenalina que yo nunca se los quise aceptar en vida.

#MilagrosNavideños #Juani #FelizNavidad 

Texto: Damian Quilici.

Imagen: Vladimir Sinatra. 

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